ARTISTA DEL CUENTO
RUSVELT NIVIA CASTELLANOS
EL FANTASMA DE LA FOTOGRAFÍA
Hace unas escasas horas, pude presentir la otra vida; sin embargo no puedo comprender los recuerdos más cercanos de mi existencia con certeza. Sandra y sucede mi demencia, porque no termino de descifrar toda esta realidad, desde la compleja razón; pero si mal no estoy; mujer algo mía, hoy en la media noche, tuve la experiencia de un sueño muy extraño, que jamás había vivido en lo mental, sino hasta aquellos instantes realmente. Veo además el imaginario ciertamente relacionado contigo, mujer lejana y de los lindos anhelos, más bien procurados en la dulzura y eso de la equidistancia, ya lo sabrás a su debido tiempo.
Entreveo así entonces estos hechos, ahora difusamente entre mis desgracias juveniles. Los recuerdos empiezan desde la figuración momentánea de mi conciencia; cuando fui quedando dormido en la litera de hierro, donde me iba estremeciendo pasmosamente en lo circundante. Minutos antes; había llegado algo sobrio a mi estancia del descanso. No prendí la luz artificial. Sólo me recosté en la litera de tendidos celestes. Venía en lo individual, cansado de pensar sobre el mundo. Me arropé con una cobija y fui cerrando los párpados, sin mucha espera. Miraba luego hacia adentro del hundimiento fantasmal. Toda esta invención era asimismo alga perturbadora, algo abstracta, para mis agonías solamente. Ya la experiencia del sueño, fue durante la noche, para aquella noche de brisas heladas, volcadas en brumas, donde profundamente fusionaba mis sentidos, hacia la otra realidad de mi despertar. Luego me supe un poco más allá de los espejos temporales, los cuales brillaban a lo lejos en el espacio. Entonces estuve pronto inmerso en unas visiones de profundidades alteradas. Me sentía además bajo un acercamiento de abismos, que me aturdían vertiginosamente. Era algo así como dejarme ir hacia las profusas invenciones de esta memoria divergente. Más adelante en lo perceptivo, me fui viendo inscrito en un extenso lugar de brumas azuladas, cuya belleza natural se hacía ciertamente difusa, ante mis ojos nublados, pero sobre lo demás; yo conseguía diferenciar a ciertas almas acuosas, sin mucha densidad física. Ellas volaban con poca claridad en los aires y pronto desaparecían en el ambiente donde yo estaba concertado de un modo extraño; para aquel lugar de temporalidades ondulantes.
Ya sobre los otros instantes, quise de manera voluntaria, explorar más esta dimensión ensoñada. De modo que proseguí el camino del lugar sin mucha prisa, por la callejuela en la cual me movilizaba despaciosamente. Asimismo, fui mirando un majestuoso barrio rodeado de casas vanguardistas y varios árboles frondosos. Al cabo de un rato, pues estuve en medio de unas hojas rojas y anduve por entre unas ramas floridas, hasta cuando reapareció para mi sorpresa, un hermoso cielo gris, plateado y calmoso. Este se entendía al fondo de aquel mundo etéreo, que era un mundo infinito. Además se iba ideando un fulgor de a poco en el sueño, mientras yo, me fui acercando a la esquina principal del barrio aquietado, que estaba inmerso en unas calles modernistas, bien adornadas entre algunas bellezas realistas.
Luego en el sueño, me detuve por unos segundos en la esquina. Miré entonces hacia lado y lado de la carretera. No había tráfico en ninguna parte cercana. La calle parecía estar abandonada y vacía. Se veía sola al igual que las casas de vidrios empolvados. Eso pensaba yo. Así que fui cruzando hacia la otra acera del barrio. Pasé allí entonces, bajo el semáforo de la vía en penumbras. La señal estaba en verde, mientras yo iba y me llevaba las manos a los bolsillos de la chaqueta azul, que tenía puesta. Lo hice, porque sentí una fuerte brisa golpear a mis delgadas manos y al resto de mi cuerpo. Además fue en ese mismo instante, cuando tuvo que pasar un automóvil destartalado, por la carretera, que descendió por el barrio. Lo hizo velozmente y sin dar aviso con la bocina. Casi me atropella por el lado derecho. Por poco me mata el muy imprudente. Eso creo recordar. Y más que nada, sucedió este susto para ambos protagonistas, porque el auto antiguo, iba sin las luces encendidas; parecía que las tenía rotas y lo mismo el vidrio del parabrisas, pero bueno, que se le hará a su imprudencia.
Ante este hecho; apenas estuve resentido del susto, contraje solamente mi pálido rostro, manifestando una mueca horrorosa y ya tras el otro acto acabado, procuré reconocer al conductor alocado, quien no se detuvo a pensar en la muerte. Se me hizo además bien parecido a cierto primo de la familia, igual no pude saberlo con plena certeza, porque apenas traté de retener la mirada en su figura alejada, me desperté con brusquedad en esta misma litera, vista ahora en mi habitación intranquila.
Ya comenzaba además por amanecer sorpresivamente en esta ciudad. Hacia un sol de auroras blancas con nubes grises para agosto. Enseguida, pues me sentí impresionado sobre todas estas otras nociones. Sucedió cuando desperté precipitadamente. Las muchas visiones aún estaban revueltas junto a mi memoria trastornada. Tuve que levantarme mientras tanto de este sitio de vacuidad. Lo hice sin mucha espera para mis ideales profundos. Me encaminé entonces a solas, entre mi ansiedad, hacia el baño de baldosas blancas.
Una vez estuve en este sitio; pasé al entorno de limpieza, luego abrí la llave azulada del lavamanos. De inmediato, salió una fluyente de agua traslúcida. Ya pues sin mucha vacilación, quise mojar mi cara y las orejas repetidas veces. Allí sentí como el agua fresca humedecía mis cabellos negros, mi frente, también las mejillas. Me relajaba cada vez más al propio presente. Era un sosiego alejarme de dicho sitio donde estaba soñando, porque todas estas visiones anteriores, me aterraban. Luego me sequé la cabeza con una toalla azul. También sequé mi piel tersa y oscura. Esta acción fue realizada a medida que iba cerrando la llave de cerámica. Y cierto, no hay que negarlo, hacia los otros momentos, pude llegar a sentir la mente algo más despejada. No sé, me fui entendiendo íntimamente, más ubicado en el plano existencial, que me es ciertamente algo alterado, para la razón de esta alma, que es sólo mía.
Ahora bien, apenas puse la toalla sobre la regadera, fui esquivando un trapero que estaba junto a la puerta. Pasé con cuidado por allí en lo espacial. Salí enseguida del baño con mis bien conocidos pasos retardados. Tomé la dirección de la izquierda. Me dirigí precisamente hacia la profundidad del cuarto estudio y me fui para allá, donde sólo están mis desvelos cuando trato de terminar, los poemas tuyos; hermosa Sandra.
Así que para los otros tiempos, una vez estuve en aquel cuarto, yo me dediqué a pensar en ti, mujer. De relación con lo personal, me fue ubicando en la silla giratoria de gamuza roja. Es el mismo asiento, que mira al computador empolvado. Me recliné además un poco hacia atrás, pensé de nuevo en ti y luego de algunas recordaciones contigo, pasé a encender la máquina de mis ratos solitarios. Esperé unos escasos segundos a que arrancara el sistema, dejándome llevar por el canto de los canarios en el patio de abajo. Todo así fue normal, hasta cuando estuvo listo el Windows, frente a mis ojos. Por lo tanto, su pantalla me mostró un hermoso bosque de pinos invernales y un extendido atardecer rodeado de mucha nieve en las montañas, dibujadas a lo lejos en el ambiente. Se me hizo agradable este cuadro de otras tierras. Lo dejé entonces así de chévere, no quise moverle nada al decorado. Lo aprecié otra vez y luego, Sandra, como tú sabes ya, puse algo de música alternativa, que sonaba ruidosamente y con agrado. De hecho, seleccioné un rayito amarillo. Lo escogí con el mouse con forma de pincel. De inmediato, me salió una máscara negra como de entre varias recreaciones alteradas. Ya pasado un rato, me dispuse a colocar el último álbum de Paramore; ese que tanto nos gusta, no es así, cierto, Sandra.
Hacia el otro instante, cierta fue la acción de la vida. De repente, me dejé llevar por las suaves melodías de la poesía musical. Sentía la guitarra eléctrica del punkero, algo armoniosa, algo elegante. Asimismo iba precisa, la deliciosa voz de la mujer vocalista, ella con sus pelos violetas, ella con su voz de melancolía. Y así entonces, sólo fui escuchando varias de sus obras musicales; entre las canciones más atrayentes estaban para mí; Ignorance y Decode. Me perdía entretanto en sus efusiones de mujer con dulzura, hasta cuando apareció en mi conciencia, un indescifrable laberinto de largos crepúsculos, que eran nuestros crepúsculos imperecederos. Amor, la belleza de la muchacha cantando al amor, me hacía recordar mientras tanto tu juventud y tu ternura de mujer linda. Esa pureza que siempre hay en ti, regresaba a lo mental. Por cierto, la evocación de ti, me hizo escoger otras acciones, hacia un destino muy incomprendido. Así que hube de resultar procurando algunas fotografías tuyas, unas que son sólo tuyas, hermosa mía de ojos negros, tú, mi niña bonita de sonrisa encantada.
Las procuraba en tu perfil del Space por mi parte, sin embargo hubo lástima, hay que decirlo, hubo mucha decepción en mí. Fue obvio el resto, no encontré las fotos precisas. Las representaciones coloridas de tu belleza femenina y agraciada, no estaban en la virtualidad. Esas presencias, que me hicieran verte de nuevo con tu dulzura, junto a mi cuidadosa fantasía, las creía desaparecidas.
Luego pues claro, ya pasaba muchas ventanas azules, que trataban ciertamente sobre tu forma de ser con las palabras, iban adornadas con unas flores negras. También había algunos poemas tuyos, regados por ahí al papel digital. Ellos, se sabían procurados con un acento romántico y sin embargo, yo sin nada tuyo, sin tu presencia en las fotos del mundo virtual, donde trataba de buscar tus lindos secretos y tus verdades. Obviamente, aún no localizaba las imágenes tuyas por ningún lado, pero a pesar de todo, hube de tropezarme con una verdad más interesante. Esta impresión, se me hizo sorprendente, apenas la vislumbré. Hubo en mí de hecho, un sentimiento muy extraño; sucedió cuando me tropecé con la última página, la que narraba tu pasado.
Allí pues en aquella realidad, yo sin tener una comprensión lógica de lo sucedido, hube de tropezarme vertiginosamente y con gran sorpresa, junto a una sola fotografía tuya, donde estaba tu soledad. La verdad, te lo cuento a ti y la verdad, no sé como me pasó esta continuidad incomprensible y extraña. Pero sí, fue así mi realidad impresionante. Había una fija recreación ilustrativa, ante mis ojos espirados. Me era ciertamente relacionada a la vida tuya. Igualmente, tú sabrás más que yo de esta otra verdad. Por otro lado, pues quiero desvelar el misterioso asunto. En mi caso, la foto me atrajo contradictoriamente, porque estaba muy bien encuadrada y exclusivamente capturada, por la persona que haya resultado tomarla, supongo que fuiste tú, solamente tú, Sandra. Así que tras mi gran asombro, respiré profundamente en medio de los recuerdos y de golpe en el acto, me dispuse a contemplar la imagen, precisamente. Obtuve por obvias razones un impetuoso susto, que recorrió todos mis huesos y mi piel temblorosa. En ese momento, quedé pasmado por completo contra la silla reclinable. Todas mis nociones pasaban saturadas de intranquilidad, mientras mi piel comenzaba a empalidecer con terror. De hecho, esta foto distorsionada, atrapada en la eternidad, pareció ser una congelación del sueño, entrevisto por mí, hace unas escasas horas.
Ya aparte del asombro; comprendo este sueño, todo rodeado por un ambiente gótico, presentido adentro de la otra vida, por tu alma de mujer, Sandra. Además de todo, aunque no consigo descifrar cuando se dio este fenómeno sobrenatural, sé que aquí no termina todo para mí, mujer. De hecho, la cosa más sublime del misterio, viene ser que en la calzada izquierda, clarificada desde la fotografía, entre los altos arbustos, hay como una leve negrura con su espesura en soledad. La silueta además parece identificar a un fantasma. Y él es como alto y como delgado, igual no sé nada, Sandra, sólo sé que Sócrates no sabía nada; mira de hecho la fotografía y mira que ese fantasma, se parece mucho a mí; no puedo negarlo y ahora dentro de lo más seguro en esta vida, amor; el extraño fantasma, soy yo.
Rusvelt Nivia Castellanos,
Artista de Colombia.
Fotografía del texto,
por Velt,
El Fantasma.