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jueves, 26 de septiembre de 2024

ALLAN KARDEC - MUNDOS DE EXPIACIONES Y DE PRUEBAS


MAESTRO DEL ESCRITO 
SAN AGUSTÍN
AUTOR DEL LIBRO
ALLAN KARDEC

MUNDOS DE EXPIACIONES Y DE PRUEBAS

¿Qué podría deciros de los mundos de expiaciones, que vosotros no sepáis ya, puesto que os basta con considerar la Tierra en que habitáis? La superioridad de la inteligencia, presente en un gran número de sus habitantes, indica que la Tierra no es un mundo primitivo, destinado a la encarnación de Espíritus recién salidos de las manos del Creador. Las cualidades innatas, de las que esos Espíritus son portadores, ofrecen la prueba de que ya han vivido y de que han realizado un cierto progreso. No obstante, al mismo tiempo, los numerosos vicios a los que se inclinan son indicio de una considerable imperfección moral. Por esa razón, Dios los ha colocado en un mundo ingrato, para que en él expíen sus faltas mediante un trabajo penoso y sufriendo las miserias de la vida, hasta que sean merecedores de ir a un mundo más feliz.
Sin embargo, no  todos  los  Espíritus  encarnados en  la  Tierra  son  enviados  allí  en  proceso  de  expiación. Las razas  que  vosotros  llamáis  salvajes  son  Espíritus recién salidos de la  infancia,  y  que  están  en  ese  mundo, por decirlo así, para educarse y desarrollarse mediante el contacto con Espíritus más adelantados. Luego vienen las razas semicivilizadas, formadas por esos mismos Espíritus en vías de progreso. Estas son, en cierto modo, las razas indígenas de la Tierra, que se han desarrollado  poco  a poco al cabo de largos períodos seculares, y algunas de las cuales han alcanzado la perfección intelectual de los pueblos más ilustrados.
En la Tierra, los Espíritus en proceso de expiación son, si podemos expresarlo de este modo, exóticos. Vivieron ya en otros mundos, de los que  han  sido excluidos a consecuencia de su obstinación en el mal, y porque eran una causa de perturbación para los buenos. Fueron relegados, por un tiempo, entre los Espíritus más atrasados, con la misión de hacerlos adelantar, porque llevaban consigo la inteligencia desarrollada y el germen de los conocimientos adquiridos. Ese es el motivo por el cual los Espíritus castigados se encuentran en el seno de las razas más inteligentes. También son estas razas las que padecen con más amargura las miserias de la vida, porque en ellas hay más sensibilidad, y porque las contrariedades y los disgustos las afectan más que a las razas primitivas, cuyo sentido moral se encuentra más embotado.
La Tierra nos ofrece, pues, uno de los tipos de los mundos expiatorios, cuyas variedades son infinitas, pero que tienen como carácter común el hecho de servir de lugar de destierro a los Espíritus rebeldes a la ley de Dios. Allí, esos Espíritus tienen que luchar, a la vez, contra la perversidad de  los  hombres  y  contra  la  inclemencia de la naturaleza, doble  trabajo  penoso  que  desarrolla al mismo tiempo las cualidades del corazón y las de la inteligencia. De ese modo, en su bondad, Dios hace que el castigo redunde en provecho del progreso del Espíritu. (San Agustín. París, 1862.)

San Agustín;
Maestro de Roma.
Texto del libro,
Allan Kardec,
El Evangelio Según el Espiritismo,
Mundos de Expiaciones y de Pruebas.
Causas de las Miserias Humanas.
Pintura del texto,
por Tamara,
La Tierra Natural y Los Planetas.
 
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jueves, 15 de agosto de 2024

ALLAN KARDEC - DESTINO DE LA TIERRA


MAESTRO DEL ESCRITO
ALLAN KARDEC

DESTINO DE LA TIERRA
CAUSAS DE LAS MISERIAS HUMANAS

Nos asombramos de encontrar en la Tierra tanta maldad y malas pasiones, tantas miserias y enfermedades de todo tipo, e inferimos de ahí que la especie humana es una triste cosa. Este juicio proviene del punto de vista limitado en que nos colocamos, y que nos da una falsa idea del conjunto. Es preciso considerar que en la Tierra no se ve toda la humanidad, sino una muy pequeña fracción de ella. En efecto, la especie humana comprende todos los seres dotados de razón que pueblan los innumerables mundos del universo. Ahora bien, ¿qué es la población de la Tierra comparada con la población total de esos mundos? Mucho menos que la de una aldea en relación con la de un gran imperio. La situación material y moral de la humanidad terrestre nada tiene de extraordinario si se toma en cuenta el destino de la Tierra y de la naturaleza de quienes habitan en ella.
Nos formaríamos una idea muy falsa de los habitantes de una gran ciudad si los juzgáramos por la población de los barrios más ínfimos y sórdidos. En un hospital sólo se ven enfermos y lisiados; en un presidio se ven todos los vicios y todas las torpezas reunidos; en las comarcas insalubres la mayor parte de los habitantes están pálidos, enfermizos y achacosos. Pues bien, figurémonos que la Tierra es un arrabal, un hospital, una penitenciaría, una región malsana, porque es todo eso a la vez, y se comprenderá por qué las aflicciones prevalecen sobre los goces, ya que no se destina al hospital a las personas que tienen buena salud, ni al correccional a las que no han hecho daño, pues ni los hospitales ni los correccionales son lugares de delicias.
Ahora bien, así como en una ciudad la población no está toda en los hospitales o en las cárceles, tampoco la humanidad está toda en la Tierra. Y del mismo modo que uno sale del hospital cuando está curado y de la cárcel cuando ha completado su condena, el hombre deja la Tierra por mundos más felices cuando se ha curado de sus enfermedades morales.

Allan Kardec;
Maestro de Francia.
Texto del libro,
El Evangelio Según el Espiritismo,
Destino de la Tierra.
Causas de las Miserias Humanas.
Fotografía del texto,
por Adrian Sart,
La Luz del Mundo.
 
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lunes, 29 de enero de 2024

ALLAN KARDEC - DIFERENTES ESTADOS DEL ALMA EN LA ERRATICIDAD


MAESTRO DEL ESCRITO
ALLAN KARDEC

 DIFERENTES ESTADOS DEL ALMA 
EN LA ERRATICIDAD

La casa del Padre es el universo. Las diferentes moradas son los mundos que giran en el espacio infinito y ofrecen, a los Espíritus encarnados, estancias apropiadas a su adelanto.
Independientemente de  la  diversidad  de  mundos, esas palabras de Jesús pueden  también  entenderse  como una referencia al estado feliz  o  desdichado  del  Espíritu en  la  erraticidad.  Según  se  halle  más  o  menos  purificado y desprendido de los lazos materiales, el medio en que se encuentra, el aspecto de las cosas, las sensaciones que experimenta y las percepciones que posee varían hasta lo infinito. Mientras que unos no pueden alejarse de la esfera en que vivieron, otros se elevan y recorren el espacio y los mundos. Mientras que ciertos Espíritus culpables andan errantes en las tinieblas, los felices gozan de una claridad resplandeciente y del sublime espectáculo de lo infinito. En fin, mientras que el malo, atormentado por remordimientos y pesares, muchas veces solo, sin consuelo, separado de los objetos de su afecto, gime bajo el peso de los padecimientos morales, el justo, reunido con los que ama, saborea las delicias de una indescriptible felicidad. También esas son otras tantas moradas, aunque no estén circunscriptas ni localizadas.

Allan Kardec;
Maestro de Francia.
Texto del libro,
El Evangelio Según el Espiritismo,
Diferentes Estados del Alma en la Erraticidad.
Fotografía del texto,
por Jonathan Meyer,
Las Luces de los Destinos.

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jueves, 8 de diciembre de 2022

ALLAN KARDEC - ALIANZA DE LA CIENCIA CON LA RELIGIÓN

 
MAESTRO DEL ESCRITO
ALLAN KARDEC

ALIANZA DE LA CIENCIA CON LA RELIGIÓN

La ciencia y la religión son las dos palancas de la inteligencia humana. Una revela las leyes del mundo material; la otra, las leyes del mundo moral. Con todo, dado que ambas tienen el mismo principio, que es Dios, no pueden contradecirse. Si una fuera la negación de la otra, entonces necesariamente una estaría equivocada, y la otra tendría razón, porque no es posible que Dios quiera destruir su propia obra. La incompatibilidad que se ha creído ver entre esos dos órdenes de ideas se debe a una falta de observación y al sobrado exclusivismo de una y otra parte. De ahí el conflicto del que han nacido la incredulidad y la intolerancia.
Han llegado los tiempos en que las enseñanzas de Cristo deben recibir su complemento; en que el velo arrojado a propósito sobre algunas partes de esa enseñanza debe ser levantado. Han llegado los tiempos en que la ciencia deje de ser exclusivamente materialista y tome en cuenta el elemento espiritual; en que la religión deje de ignorar las leyes orgánicas e inmutables de la materia, y en que ambas fuerzas, apoyadas la una en la otra y avanzando en armonía, se presten mutuo apoyo. Entonces, como la religión ya no será desmentida por la ciencia, adquirirá un poder inquebrantable, porque estará de acuerdo con la razón y porque ya no se le opondrá la irresistible lógica de los hechos.
La ciencia y la religión no han podido ponerse de acuerdo hasta  hoy  porque,  como  cada  una  miraba  las cosas desde su exclusivo punto de vista, se rechazaban mutuamente. Faltaba algo que llenara el vacío que las separaba, un  lazo  de  unión  que  las  aproximara.  Ese  lazo de unión está en el conocimiento de las leyes que rigen el mundo espiritual y las relaciones de este con el mundo corporal, leyes tan inmutables como las que regulan el movimiento de los astros y la existencia de los seres. Una vez que esas relaciones fueron constatadas mediante la experiencia, se hizo una nueva luz: la fe se dirigió a la razón, la razón no encontró nada ilógico en la fe, y el materialismo fue derrotado. No obstante, en esto, como en todo, hay personas que  quedan  rezagadas,  hasta  que  las  arrastra el movimiento general, que las aplastaría si quisieran resistirse en vez de acompañarlo. En este momento se produce una verdadera revolución moral, que incide sobre los espíritus. Después de haberse preparado durante más de dieciocho siglos, alcanza su plena realización, y señalará una nueva era para la humanidad. Las consecuencias de esa revolución son fáciles de prever: habrá de introducir inevitables modificaciones en las relaciones sociales. Nadie tendrá fuerzas para oponerse a ellas, porque forman parte de los designios divinos y son la consecuencia de la ley del progreso, que es una ley de Dios. 

Allan Kardec;
Maestro de Francia.
Texto del libro,
El Evangelio Según el Espiritismo,
Alianza de la Ciencia con la Religión.
Fotografía del texto,
por Chraker Heller,
El Búho de la Noche.

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martes, 6 de diciembre de 2022

ALLAN KARDEC - EL ESPIRITISMO


MAESTRO DEL ESCRITO
ALLAN KARDEC

EL ESPIRITISMO

El espiritismo es la ciencia nueva que viene a revelar a los hombres, con pruebas irrecusables, la existencia y la naturaleza del mundo espiritual, así como sus relaciones con el mundo corporal. Nos muestra ese mundo, no ya como algo sobrenatural, sino, por el contrario, como una de las fuerzas vivas y que incesantemente obran en la naturaleza, como el origen de una multitud de fenómenos incomprensibles hasta ahora y relegados, por esa razón, al dominio de lo fantástico y lo maravilloso. A esas relaciones Cristo hace alusión en diferentes circunstancias, y por eso muchas de las cosas que dijo son todavía ininteligibles o han sido falsamente interpretadas. El espiritismo es la clave con cuya ayuda todo se explica fácilmente.
La ley del Antiguo Testamento está personificada en Moisés; la del  Nuevo  Testamento  está  personificada en Cristo. El espiritismo es la tercera revelación de la ley de Dios, pero no está personificado en ningún individuo, porque es producto de la enseñanza impartida, no por un hombre, sino por los Espíritus, que son las voces del Cielo, en todos los lugares de la Tierra y a través de una multitud innumerable de intermediarios. El espiritismo es, en cierto modo, un ser colectivo que comprende el conjunto de los seres del mundo espiritual, cada uno de los cuales trae a los hombres el tributo de sus luces para hacerles conocer ese mundo y la suerte que en él les espera.
Así como Cristo dijo: “No vengo a derogar la ley, sino a cumplirla”, el espiritismo dice también: “No vengo a derogar la ley cristiana, sino a cumplirla”. No enseña nada contrario a lo que Cristo enseñó, pero desarrolla, completa y explica, en términos claros para todo el mundo, lo que sólo se dijo con una forma alegórica. El espiritismo viene a cumplir, en los tiempos predichos, lo que Cristo anunció, y a preparar el cumplimiento de las cosas futuras. Por consiguiente, es la obra de Cristo, que Él mismo preside, así como preside lo que también anunció: la regeneración que se opera y que prepara el reino de Dios en la Tierra.

Allan Kardec;
Maestro de Francia.
Texto del libro,
El Evangelio Según el Espiritismo,
El Espiritismo.
Pintura del texto,
por un Artista Anónimo,
Allan Kardec.

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martes, 26 de abril de 2022

ALLAN KARDEC - CRISTO

 
MAESTRO DEL ESCRITO
ALLAN KARDEC
 
CRISTO

Jesús no vino a derogar la ley, es decir, la ley de Dios. Vino a darle cumplimiento, esto es, a desarrollarla, a darle su verdadero sentido y adecuarla al grado de adelanto de los hombres. Por eso se encuentra en esa ley el principio de los deberes para con Dios y para con el prójimo, que es la base de su doctrina. En cuanto a las leyes de Moisés propiamente dichas, por el contrario, Jesús las modificó profundamente, tanto en el fondo como en la forma. Combatió constantemente el abuso de las prácticas exteriores y las falsas interpretaciones, de modo que no podía hacer que esas leyes sufrieran una reforma más radical que mediante su reducción a estas palabras: “Amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo”, añadiendo: Esta es toda la ley y los profetas.
Con estas palabras: “El cielo y la tierra no pasarán sin que todo se haya cumplido, y mientras quede una sola jota”, Jesús quiso decir que era preciso que la ley de Dios recibiera cumplimiento, es decir, que fuese practicada en la Tierra en toda su pureza, con todo su desarrollo y todas sus consecuencias. Porque, ¿de qué serviría haber establecido esa ley, si debía quedar como privilegio de algunos hombres o, a lo sumo, de un solo pueblo? Dado que todos los hombres son hijos de Dios, sin distinciones, todos ellos son objeto de la misma solicitud.
Pero el rol de Jesús no fue simplemente el de un legislador moralista, sin más autoridad que su palabra. Él vino a cumplir las profecías  que  anunciaron  su llegada. Su autoridad provenía de la naturaleza excepcional de su Espíritu y de su misión divina. Vino a enseñar a los hombres que la verdadera vida no está en la Tierra, sino en el reino de los  Cielos;  vino  a  enseñarles  el  camino  que conduce a ese reino, los medios para reconciliarse con Dios, y la manera de presentir esos medios en la marcha de las cosas futuras, para el cumplimiento de los destinos humanos. Sin embargo, no lo dijo todo, y sobre muchos puntos se limitó a presentar el germen de verdades que, según Él mismo declaró, aún no podían ser comprendidas. Habló acerca de todo, pero en términos relativamente explícitos. Para captar el sentido oculto de determinadas palabras de Jesús era preciso que ideas nuevas y nuevos conocimientos vinieran a aportar la clave, y esas ideas no podían venir antes de que el espíritu humano alcanzara cierto grado de madurez. La ciencia debía contribuir poderosamente al nacimiento y al desarrollo de esas ideas. Así pues, había que dar a la ciencia el tiempo necesario para que progresara.
 
Allan Kardec;
Maestro de Francia.
Texto del libro,
El Evangelio Según el Espiritismo,
Cristo.
Artista de la pintura,
Henrich Hofmann,
El Cristo.
 
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lunes, 24 de enero de 2022

ALLAN KARDEC - ACERCA DE LOS ESPÍRITUS

 
MAESTRO DEL ESCRITO
ALLAN KARDEC

ACERCA DE LOS ESPÍRITUS

Los Espíritus no son, como muchas veces se imagina, seres aparte en la Creación. Son las almas de los que han vivido en la Tierra o en otros mundos, despojadas de su envoltura corporal. Aquel que admite la supervivencia del alma al cuerpo, admite por eso mismo la existencia de los Espíritus; negar a los Espíritus sería negar el alma.
En general, se tiene una idea muy errónea del estado de los Espíritus. Ellos no son, como algunos suponen, seres imprecisos e indefinidos, ni llamas semejantes a los fuegos fatuos, ni fantasmas como los que se presentan en los cuentos de aparecidos.
Son seres semejantes a nosotros, que tienen un cuerpo como el nuestro, pero fluídico e invisible en el estado normal.
Mientras el alma está unida al cuerpo durante la vida, tiene una doble envoltura: una pesada, densa y destructible, que es el cuerpo; la otra fluídica, ligera e indestructible, denominada periespíritu.
Existen, pues, tres elementos esenciales en el hombre: 1.º el alma o Espíritu, principio inteligente en el cual residen el pensamiento, la voluntad y el sentido moral; 2.º el cuerpo, envoltura material que pone al Espíritu en relación con el mundo exterior; 3.º el periespíritu, envoltura fluídica, ligera, imponderable, que sir- ve de lazo y de intermediario entre el Espíritu y el cuerpo.
Cuando la envoltura exterior está gastada y ya no puede funcionar, cae y el Espíritu se despoja de ella, así como el fruto se despoja de la cáscara, el árbol de la corteza, la serpiente de la piel; en una palabra, del mismo modo que se deja una ropa gastada; esto es lo que denominamos muerte.
La muerte es apenas la destrucción de la envoltura material. El alma abandona esa envoltura como lo hace la mariposa con la crisálida; aunque conserva su cuerpo fluídico o periespíritu.
La muerte del cuerpo libera al Espíritu de la envoltura que lo ligaba a la Tierra y lo hacía sufrir; una vez que se ha liberado de ese fardo, sólo le queda su cuerpo etéreo, que le permite recorrer el espacio y trasponer las distancias con la rapidez del pensamiento.
La unión del alma, del periespíritu y del cuerpo material constituye el hombre; el alma y el periespíritu, separados del cuerpo, constituyen el ser denominado Espíritu.
Observación. De este modo, el alma es un ser simple; el Espíritu, un ser doble, y el hombre, un ser triple. Sería, pues, más exacto reservar la palabra alma para designar el principio inteligente, y la palabra Espíritu para el ser semimaterial formado por ese principio y el cuerpo fluídico. Pero como no se puede concebir el principio inteligente totalmente aislado de la materia, ni el periespíritu sin que esté animado por el principio inteligente, las palabras alma y Espíritu son, en cuanto al uso, empleadas indistintamente una por otra. Es la figura que consiste en tomar la parte por el todo, así como se dice que una ciudad está poblada por tantas almas, o que una aldea se compone de tantas familias. Con todo, desde el punto de vista filosófico, es indispensable establecer la diferencia.
Los Espíritus, revestidos de sus cuerpos materiales, constituyen la humanidad o mundo corporal visible; despojados de esos cuerpos, constituyen el mundo espiritual o invisible, que puebla el espacio y en medio del cual vivimos sin sospecharlo, así como vivimos en medio del mundo de los infinitamente pequeños, cuya existencia tampoco sospechábamos antes de la invención del microscopio.
Los Espíritus no son, pues, seres abstractos, imprecisos e indefinidos, sino seres concretos y circunscritos, a los cuales sólo les falta ser visibles para asemejarse a los humanos. De ahí se sigue que, si en determinado momento pudiéramos levantar el velo que los oculta a nuestra vista, constituirían una población alrededor nuestro.
Los Espíritus poseen todas las percepciones que tenían en la Tierra, aunque en un grado más alto, porque sus facultades no están aminoradas por la materia; tienen sensaciones que nos son desconocidas; ven y oyen cosas que nuestros limitados sentidos no nos permiten ver ni oír. Para ellos no existe la oscuridad, con excepción de aquellos cuyo castigo consiste en hallarse transitoriamente en las tinieblas. Todos nuestros pensamientos repercuten en ellos, y los leen como en un libro abierto; de modo tal que lo que podemos esconder a alguien mientras vive en la Tierra, ya no se lo podremos ocultar cuando sea Espíritu. (Véase El libro de los Espíritus, § 237.)
Los Espíritus están en todas partes: a nuestro lado, se codean con nosotros y nos observan sin cesar. Por su presencia incesante entre nosotros, los Espíritus son los agentes de diversos fenómenos; desempeñan un rol importante en el mundo moral, y hasta cierto punto en el mundo físico, de modo que constituyen una de las fuerzas de la naturaleza.
En tanto se admita la supervivencia del alma o Espíritu, es racional que también se admita la supervivencia de los afectos; de lo contrario, habríamos perdido para siempre el vínculo con las almas de nuestros parientes y amigos.
Puesto que los Espíritus pueden ir a todas partes, también es racional que se admita que aquellos que nos han amado duran- te la vida terrenal sigan amándonos después de la muerte, que se acerquen a nosotros, que deseen comunicarse con nosotros, y que para eso se sirvan de los medios que están a su disposición. Esto es lo que la experiencia confirma.
En efecto, la experiencia prueba que los Espíritus conservan los afectos sinceros que tenían en la Tierra, y que se complacen en acercarse a aquellos a los que han amado, sobre todo cuando estos los atraen con el pensamiento y los sentimientos afectuosos que les dedican, mientras que se muestran indiferentes en relación con aquellos que sólo tienen indiferencia para con ellos.
El espiritismo tiene como objetivo la demostración y el estudio de las manifestaciones de los Espíritus, de sus facultades, de su situación feliz o desdichada, así como de su porvenir; en suma, el conocimiento del mundo espiritual. Una vez que han sido comprobadas, esas manifestaciones dan como resultado la prueba irrefutable de la existencia del alma, de su supervivencia al cuerpo, de su individualidad después de la muerte, es decir, de la vida futura. Por eso mismo, el espiritismo es la negación de las doctrinas materialistas, ya no mediante razonamientos, sino por medio de hechos.
Una idea bastante generalizada entre las personas que no conocen el espiritismo es la de creer que los Espíritus, por el solo hecho de que se han desprendido de la materia, deben saberlo todo y poseer la suprema sabiduría. Este es un grave error.
Dado que los Espíritus no son más que las almas de los hombres, estos no adquieren la perfección tan pronto como abandonan la envoltura terrenal. El progreso de los Espíritus sólo se realiza con el tiempo, y no es más que paulatinamente que se despojan de sus imperfecciones y adquieren los conocimientos que les faltan. Sería tan ilógico admitir que el Espíritu de un salvaje o de un criminal puede convertirse de repente en sabio y virtuoso, como sería contrario a la justicia de Dios suponer que continuará perpetuamente en ese estado de inferioridad.
Así como existen hombres de todos los grados de saber y de ignorancia, de bondad y de maldad, lo mismo ocurre entre los Espíritus. Algunos de ellos son apenas frívolos y traviesos; otros son mentirosos, traicioneros, hipócritas, malos y vengativos; otros, por el contrario, poseen las virtudes más sublimes y un grado de saber desconocido en la Tierra. Esa diversidad en las cualidades de los Espíritus constituye uno de los puntos más importantes a considerar, porque explica la naturaleza buena o mala de las comunicaciones que se reciben. Debemos dedicarnos, sobre todo, a distinguir unas de otras. (Véase El libro de los Espíritus, § 100 - “Escala espírita”; y El libro de los médiums, cap. XXIV.)

Allan Kardec;
Maestro de Francia.
Texto del libro,
¿Qué es El Espiritismo?
Capítulo II, 
Nociones Elementales de Espiritismo,
Acerca de los Espíritus.
Fotografía del texto,
por Mohi Syed,
La Luces del Universo.

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viernes, 19 de noviembre de 2021

DIVALDO PEREIRA FRANCO - RUMBO AL MUNDO DE REGENERACIÓN


ARTISTA DEL LIBRO
DIVALDO PEREIRA FRANCO
POR EL ESPÍRITU
MANUEL PHILOMENO DE MIRANDA
RUMBO AL MUNDO DE REGENERACIÓN

MENSAJE DEL ESPÍRITU ISMAEL
 
¡Hijos e hijas de la Tierra!
¡Que la paz del Señor esté en vuestros corazones!
Conocéis la historia de la nebulosa de gases incandescentes de la cual surgió nuestro Sistema Solar.
Sabemos como la Divina Providencia manipuló esas fuerzas gaseosas y construyó nuestro amado planeta, calmando las convulsiones continuas de su masa en ebullición y le adornó la superficie con la rara y majestuosa belleza, así como calmó sus océanos, mares y todas las aguas, a fin de que la vida superara los difíciles y complejos factores ambientales.
Surgieron los astros, que pasaron a iluminar sus oscuridades, y el cielo transparente y azul apareció con la presencia de los sesenta quilómetros de altura de su oxígeno, envolviéndole la costra que asegura la materia ígnea de su centro.
Lentamente surgieron las primeras expresiones de vida, hasta el momento en que el ser humano pasó a habitarla, siendo el instante culminante de la obra de amor ante la posibilidad de crecer hacia Dios.
Paso a paso, la Ley de Progreso estableció los paradigmas de comportamiento para la grandeza de la Creación y a través de los mensajeros celestes buscó mantener el equilibrio y la búsqueda de la iluminación interior para llegar a la onda inicial generada en el Padre.
Por fin, vino Jesús, el propio Constructor del planeta, para guiar a la Humanidad, según Su modelo de amor.
Las pasiones primigenias, sin embargo, la retuvieron en retaguardia de las sensaciones abrumadoras, mientras el orbe sollozaba con lavas volcánicas o revoluciones de sus placas tectónicas, organizando sus entrañas y eliminando la energía exagerada para mantener el equilibrio majestuoso en su eje.
Simultáneamente, los pensamientos y acciones físicas de los seres humanos atrajeron muchas de las fuerzas inherentes a su proceso, que generaron calamidades innombrables.
Gracias a esa inquebrantable ley, el progreso alcanzó la sumisa Gaya*, como la llamaban los antiguos griegos, alcanzó su clímax en este nivel de evolución más elevado, eliminando de su proceso las grandes tragedias y las pesadas aflicciones que todavía son parte de los mecanismos de expiación moral.
Un mundo regenerado donde se podrá gozar con anterioridad la ventura que es ofrecida por el Padre a los hijos terrestres.
Esto es porque el Señor no desea la destrucción del equivocado, sino la desaparición del crimen y por misericordia disminuirá el tiempo de depuración.
Éstos, por lo tanto, son días de purificación interior, y, en consecuencia, la injusticia, la promiscuidad y la vileza moral de la mayoría de los seres humanos terrestres atrajeron los tormentos que ahora afligen y atemorizan a las multitudes desorientadas.
Incontables, no obstante, en su suprema ignorancia, sedientos de los placeres ultrajantes, no se dan cuenta de la terrible aniquilación.
Estaban previstos horrores y alucinaciones devastadoras, en guerras sin piedad, comenzando por los hogares desestructurados, comunidades y países que serían aniquilados...
...Cuando todo cambió.
Este período es mucho más serio de lo que se piensa o se trabaja para que luego pase.
Las soñadas soluciones apresuradas mediante vacunas preventivas y terapias providenciales atenuarán, pero no solucionarán los sufrimientos programados para la sociedad actual.
Sucede que lo establecido se cumplirá y aquellos que prefieren el caos serán exiliados hacia mundos congéneres, aunque inferiores, donde sentirán increíbles dilaceraciones morales por la añoranza de la Tierra amada y de los afectos que les faltaron al respeto.
Verán, a distancia, la generosa madre fluctuando en los espacios luminosos, mientras sus desertores llorarán amarguras en los primitivos lugares los que tienen derecho.
La pandemia resultante de la Covid-19 que asola muchos países se hace acompañar de otra más cruel, que es la del crimen practicado por autoridades desdichadas que explotan el momento, acumulando poder engañoso y fortuna sobre la desgracia de millares de víctimas de las circunstancias infames que ellos crearon y mantienen.
Para esos criminales conscientes del mal que están haciendo, la Divina Providencia reserva lecciones de rehabilitación muy dolorosas, por culpa de su cinismo y crueldad en relación a las masas mutiladas por el sufrimiento y abandono a que se encuentran relegadas.
Esos vampiros de los bienes públicos y particulares, no huirán de sí mismos ni encontrarán confort a la hora del rescate, como ocurre con aquellos que explotan y abandonan cobardemente.
A causa de esos criminales aplaudidos por unos y odiados por otros, se prolongarán las enfermedades a fuerza de epidemias regionales, según la densidad de su horror, y los absurdos morales, que atentan a las leyes de orden y ética moral, que pretenden transformar a las personas en espectros devorados por la sensualidad y las aberraciones sexuales, telementalizadas por Espíritus de equivalente calaña, resbalarán en esos sórdidos pantanos en que ya viven sin darse cuenta.
Las comunidades de venganza en la Tierra, en bandas espirituales están siendo desmontadas y sus miembros se reencarnan para la última oportunidad de escoger el futuro como mejor lo deseen.
Confiamos que todos los que aquí estamos, ofrezcamos el cariño y el amor de Jesús Cristo en su tiempo, ante a mandatos algo similares en estos días.
Estamos invitados a interferir de todas las formas posibles en los sueños bélicos y en los pensamientos nocivos, en las decisiones criminales y en los anhelos de rebeldía de los pueblos, inspirando a las criaturas, socorriéndolas con las posibilidades a nuestro alcance y desviando las atracciones del mal por las mentes viciadas.
Serán esfuerzos continuos por nuestra parte, porque también estaremos vigilantes y laboriosos con las multitudes de desencarnados en la psicosfera tenebrosa de los lugares enfermos, aliviando el desespero y encaminando hacia el trabajo y el deber de solidaridad a todos aquellos que se encuentran agraviados, manteniendo la ignorancia de los factores que los llevaron a los hechos dañinos, cuando los hubo.
Todos disponemos de los incalculables tesoros del amor y de la caridad para distribuir por todas partes, colocando luz en los candeleros apagados, de modo que siempre haya claridad.
En el siglo pasado, hubo un momento en que el propio Jesús visitó de nuevo la Tierra, a fin de evitar la guerra que estaba a punto explotar, por goce de algunas naciones soberbias y materialistas, que todavía se encuentran esperando el momento de supremacía sobre las demás.
Su incomparable Amor venció las ambiciones arbitrarias de sus líderes alucinados, es por eso que ahora el método de depuración de la Humanidad es más difícil de superar, porque las tremendas armas almacenadas no consiguen destruirlo.
Solamente el amor tendrá el poder de vencer las batallas de locura que se establecen en la Tierra, hasta la última, que será victoriosa del Evangelio del Cristo, incluso bajo otras denominaciones. Donde prospere el amor, la caridad y la compasión, el Padre Celeste se hará presente y definirá el rumbo de la gloria y la paz de todos.
Exaltemos y cantemos glorias al Señor y a sus mensajeros afables y sabios. 
 
Divaldo Pereira Franco;
Maestro del Brasil,
texto por el espíritu,
Manuel Philomeno de Miranda,
Rumbo al Mundo de Regeneración,
Mensaje del espíritu Ismael.
Portada del libro,
por los creadores de la empresa cultural,
Editorial Leal.
 
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lunes, 23 de marzo de 2020

MARLENE NOBRE - EL VIRUS BAJO LA ÓPTICA ESPIRITUAL


ARTISTA DEL ESCRITO
MARLENE NOBRE

EL VIRUS BAJO LA ÓPTICA ESPIRITUAL

Explicaciones de Marlene Nobre, presidenta de las Asociaciones Médico Espíritas del Brasil y también Internacional.

Las infecciones surgen como fenómenos secundarios, porque ya existen las zonas de predisposición a la enfermedad por falta de interacción equilibrada entre el cuerpo espiritual y el físico. 
Merlene Nobre

Según la óptica espírita, cuando analizamos las infecciones y las predisposiciones mórbidas, sean ellas cuales sean, es necesario buscar en el alma las raíces de las enfermedades.
Marlene Nobre, presidenta de las Asociaciones Médico-Espíritas de Brasil e Internacional, explica porqué la falta de interacción equilibrada entre el cuerpo espiritual y el físico puede causar ciertas enfermedades

Pregunta uno:
 -¿Desde el punto de vista espiritual, cómo interpreta los casos de muerte por gripe porcina?
Respuesta de Marlene Nobre:
-Las personas que desencarnan con la gripe porcina están pasando por pruebas necesarias al perfeccionamiento de sus espíritus, de la misma forma que aquellos que son victimados por la gripe común. Debido a acciones cometidas en vidas pasadas, las personas renacen con la predisposición para determinadas enfermedades infecciosas, como, por ejemplo, la causada por ese nuevo tipo de virus. Por medio de la enfermedad, expían las faltas cometidas, obedeciendo a la ley de causa y efecto.

Pregunta dos: 
-¿Por qué algunas personas son más predispuestas a determinadas infecciones que otras?
Respuesta de Marlene Nobre:
-Según la óptica espírita, cuando analizamos las infecciones y las predisposiciones mórbidas, sean ellas cuales fueren, es necesario buscar en el alma las raíces de las enfermedades. La mente humana, comandada por el alma, puede generar tanto las fuerzas equilibrantes y restauradoras para los trillones de células del organismo físico cuanto los rayos magnéticos de alto poder destructivo que las aniquilaran. Y el desequilibrio de la mente resulta del complejo de culpa, que repunta naturalmente en la conciencia de la persona todas las veces que ella infringe la Ley Divina, que es Misericordia y Amor. Las fuerzas mentales desequilibradas, por su vez, lesionan el periespíritu o cuerpo espiritual, en ciertas áreas, decretando la fragilidad del cuerpo físico en relación a ciertas infecciones o enfermedades. Así, conforme sean las disfunciones del periespíritu, determinadas zonas del organismo quedan más vulnerables, volviéndose pasibles de invasión microbiana. De ese modo, hay personas que quedan propensas a las más diversas infecciones, como es el caso de la tuberculosis, de la lepra, de la amebiasis, de la endocarditis bacteriana, la de la gripe porcina, entre otras. En verdad, esas infecciones surgen como fenómenos secundarios, porque ya existen las zonas de predisposición a la enfermedad por falta de interacción equilibrada entre el cuerpo espiritual y el físico. Así, para la Medicina Espiritual, los gérmenes patogénicos son una ocurrencia secundaria. El verdadero desequilibrio nace en la mente, porque, al lesionarnos los otros, lesionamos primeramente nuestra propia alma. Por medio de la enfermedad y del sufrimiento, conseguimos el reajuste, porque expelimos los residuos del mal que implantamos en la vida o en el cuerpo de nuestros semejantes.

Pregunta tres: 
-¿Incluso trayendo esa predisposición, la gente no puede librarse de la infección?
Respuesta de Marlene Nobre: 
-Claro que puede. Como dice Emmanuel, es en el alma que reside la fuente primaria de todos los recursos medicamentosos definitivos. Todo va a depender de la actitud mental de la persona en relación a la enfermedad. Ella no puede aceptar la propia decadencia moral, para no acabar en la posición de excelente incubadora de bacterias y síntomas mórbidos. Para recuperarse, es necesario que se integre a la corriente positiva de la vida, cultivando la humildad y la paciencia, el espíritu de servicio y la dedicación al bien. Solamente así asimilará las corrientes benéficas del Amor Divino que circulan, incesantes, a favor de todas las criaturas. Como afirma el neumólogo Paulo Zimermann Teixeira, orientador del programa de Post-Graduación en Ciencias Neumológicas de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, “Las enfermedades respiratorias ocurren en periespíritus alterados que inducen al cuerpo físico a quedar susceptible a los diferentes agentes biológicos, físicos y químicos que, dependiendo de la capacidad de autodefensa o auto-agresión, desarrollan alguna enfermedad respiratoria. Caso haya rectificación del pensamiento, el carácter evolutivo se modifica. Caso contrario, nuevas enfermedades ocurrirán en los reencarnes sucesivos, pues el periespíritu permanece alterado”.

Pregunta cuatro: 
¿Cuál es el mejor medio de combatir la fragilidad orgánica?
Respuesta de Marlene Nobre: 
–No se puede olvidar que solamente el bien constante genera el bien constante. Quiere decir, solamente el amparo, a los otros crea el amparo a nosotros mismos. En el futuro, aparte de las vacunas y medicamentos, tendremos el apoyo efectivo a la mente humana, para que consiga superar, a través del trabajo constructivo, el propio remordimiento. Es imprescindible reconocer que los principios de Jesús deben ser seguidos, para alejar de vez la animalidad y orgullo, vanidad y codicia, crueldad y avaricia. Solamente así conquistaremos la simplicidad y la humildad, virtudes esenciales para que alcancemos la inmunología perfecta tanto para el cuerpo físico cuanto para el espiritual.

Marlene Nobre;
Doctora en Medecina del Brasil.
Fotografía del texto,
por El Artista del bien,
Marlene Nobre.
Texto del portal cibernético,
luzespiritual.org.
Traducción del Grupo Espirita María de Nazaret, 
Santiago de Chile, 
João Cabral, Año 2009.

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